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 Reflexión contra la violencia en el fútbol

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zarafutbol
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MensajeTema: Reflexión contra la violencia en el fútbol   Lun 27 Mar 2017, 23:18

http://www.solofutbolbase.es/futbol-pasion-razon/

FÚTBOL ¿PASÍON CON RAZÓN?

Esta semana, publicamos con orgullo en nuestra editorial el magnífico artículo de José Mendi.- Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psicología Deportiva (SAPD), en referencia a los últimos incidentes de violencia en campos de fútbol base, en exclusiva para SOLOFUTBOLBASE.
Fulgencio asistió el pasado mes de enero a un concierto de música clásica en el auditorio de Zaragoza. No es un especialista ni mucho menos. Pero los acordes de esta orquesta, que poco se suelen ver y escuchar en nuestra ciudad, merecieron ese gasto extra para disfrutar de tan exquisitas piezas artísticas. Disfrutó a pesar de que los ecos del invierno le recordaron una ligera tos que consiguió retener, no sin esfuerzo, hasta que los músicos detenían su frenética actividad. La semana pasada fue al cine y salió encantado de la vitalidad y el optimismo que transmitía la premiada “La La Land”. Dentro de la sala comentaba algunas escenas en voz baja con su esposa mientras ambos compartían una generosa bolsa de palomitas que se hacía eco del ruido de otros recipientes, devorados a su vez, en las cercanías con la misma avidez. Hoy sábado nuestro protagonista acude a ver el partido de su hijo pequeño. Juega en un club de fútbol base en donde ya se desenvuelve con soltura a pesar de su temprana edad. Fulgencio es un apasionado del fútbol y de su hijo. De su hijo y del fútbol. Cuando comienza el partido está inquieto por saber cuántos minutos jugará su hijo. Es consciente de que el entrenador no sabe todavía lo bueno que es su pequeño. Es normal -se dice- es un “míster” al que le falta nivel. Al menos lo han convocado ¡faltaría más! Cuando comienza el partido Fulgencio no comparte algunas decisiones arbitrales. Desde la esquina alejada en la que se sitúa para dar mejor las “indicaciones” a su chico “ha visto perfectamente” que el gol del equipo contrario era un evidente “fuera de juego”. Grita fuera de sí y comienza a insultar al árbitro. Algún otro “Fulgencio” del equipo contrario le responde y le increpa. Discuten, se amenazan, ¿se pegan? Los niños y la gran mayoría de adultos por supuesto educados y civilizados, que les rodean, asisten asombrados al drama.
 
                Fulgencio no existe. ¿O sí? Es un personaje de mi novela “El apalabrista” (Ed.1001 Ediciones.-2016) que me sirve de ejemplo para describir lo que ocurre de forma habitual en los campos de fútbol base de nuestro país. De vez en cuando una agresión brutal, que es grabada en un móvil cualquiera, nos recuerda que el salvajismo acecha en este noble deporte. La vimos con un árbitro en Zaragoza, la vemos en los recientes sucesos de Mallorca… ¿Y lo que no vemos? Mejor dicho, lo que vemos y escuchamos de forma habitual cada fin de semana sin que, afortunadamente, la cosa vaya a mayores. También es violencia. Es una violencia tan “normal” que ni siquiera somos capaces de catalogarla así. Salvo que sea tan estridente como lo ocurrido en las Islas Baleares. Pues bien, Fulgencio es el mismo cuando se comporta de forma tan exquisita escuchando música clásica, haciendo comentarios discretos en el cine y lanzando exabruptos en un campo de fútbol. ¿Qué cambia pues? Si el problema fuera el personaje lo normal es que se comportara de forma tan incivilizada en diversos escenarios. Si el problema fuera del deporte en sí lo lógico es que a estas alturas ya se hubiera prohibido dado el fomento de la violencia por el fútbol. Así que ¿dónde está el problema? En lo que como psicólogo me gusta definir en el fútbol como “umbral de intolerancia”. Una pequeña variación de un término más correcto como sería el “umbral de tolerancia”. En concreto hablamos de la cantidad que se considera como nivel mínimo para que algo se estime que existe. Este es el problema, y la realidad, de la llamada cultura del fútbol y el mundo que lo rodea. Lo que vemos y aprendemos del fútbol, hasta el momento, nos ha enseñado, obligado, y nosotros aceptado, a valorar que lo que ocurre en torno a este maravilloso deporte tiene un “umbral de intolerancia” mínimo. Es decir vemos como normal lo que en cualquier situación ajena al fútbol sería motivo de denuncia policial. Asumimos colectivamente y “comprendemos” unas reglas diferentes de las que aceptamos de forma común en el conjunto de la sociedad. ¿Se les ocurre a los padres y madres insultar a la entrada o salida de clase a los profesores en el patio de un colegio? ¿Por qué vemos normal hacerlo a los árbitros? Esta es la clave que nos permitirá hacer frente a la violencia en el deporte, especialmente en el fútbol base y de iniciación donde se producen la inmensa mayoría de estos comportamientos que debemos erradicar. Hasta que no aprendamos a  comportarnos en un campo de fútbol como nos comportamos fuera de su recinto no se solucionará la violencia en el fútbol. Hasta que no hagamos cumplir las normas sociales dentro del fútbol tal y como las desarrollamos fuera seguiremos dando apariencia de normalidad a lo que es antisocial. Y no es tan difícil. ¿Alguien pensaba hace unos años que íbamos a aceptar un cambio social tan radical como el que implicó cambiar nuestra educación para no fumar en bares, recintos cerrados o patios de colegio? Si hay voluntad, legislación y capacidad de decisión será posible. No me voy a extender en multitud de medidas que se deben y pueden tomar al respecto. La primera desde luego pasa por parar los partidos. Pero hay muchas más y también en positivo. Pero de eso ya tendremos tiempo de hablar. Esta es una parte, pequeña pero importante, del esfuerzo y el trabajo que debemos desarrollar quienes nos dedicamos desde la psicología deportiva a trabajar con los niños y sus familias en el mundo del fútbol. Es una pena que se acuerden de nosotros como profesionales para hablar y analizar “sucesos” que entran más en el terreno de la delincuencia que en la psicología. Pero desde luego una sociedad que no es capaz de fijar unas reglas comunes de comportamiento sin duda está social y psicológicamente enferma. Los psicólogos trabajamos con equipos, con entrenadores y deportistas porque sabemos que la psicología deportiva es una disciplina que ayuda a crecer y a mejorar a los futbolistas y sus equipos. Trabajamos de la mano de las familias y los clubes porque en el césped podemos ver, analizar y corregir comportamientos que no es fácil percibir en casa, en la calle o en el colegio. Y lo contrario. También sabemos que un buen entrenamiento mental puede mejorar un buen entrenamiento futbolístico. Somos conscientes de que tras una lesión una buena actuación psicológica va a ayudar a superar ese temor al reencuentro con las patadas. Se nos trasladan conflictos entre niños en vestuarios, de padres y madres con entrenadores, con otros padres y madres y el cuerpo técnico y directivo del club. Acabamos siendo mediadores en la resolución de conflictos… Eso sí, somos titulados superiores y profesionales colegiados. No meros aficionados del “coach”. Nuestro trabajo cuesta dinero. Pero de la misma forma que los clubes cuentan desde hace años con la ayuda de la fisioterapia, hoy ya saben que contar con un servicio de psicología deportiva no es un gasto sino una inversión en quien tiene más futuro, nuestros pequeños futbolistas.
Gracias a eso Fulgencio no irá al fútbol para toser absurdamente en el descanso. Tampoco comentará entre susurros cinéfilos los desafortunados cambios del entrenador a su vecino de grada que le tomaría por loco. Es más, gritará, aplaudirá y por supuesto silbará y expresará su disconformidad. Porque se puede ser a la vez educadamente pasional y racionalmente emotivo. Así en pleno éxtasis futbolístico veremos a Fulgencio, lleno de emoción, animando y cantando en el estadio junto a su hijo con la misma vitalidad de Ryan Gosling en “La La La Land”.
 José Mendi.- Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psicología Deportiva (SAPD)
Psicólogo colegiado 290-A
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